• Ma. Catalina Jiménez

AGNÉS VARDA

El arte de ser excepcional poniendo el ojo en lo mundano


La llamaron Arlette, pero a los dieciocho años se cambió el nombre por Agnès y así la conocería el mundo. En 1954 rodó su primera pieza, Pointe Courte, cuando no había visto más de diez películas. Sabía sobre fotografía, pero nada sobre cine: aprendió en el hacer, en el error y en la búsqueda propia.


Agnès Varda, actriz, directora y guionista, nació en Bruselas en 1928. De madre francesa y padre griego, pasó su infancia en Bélgica con sus cuatro hermanos, hasta que en 1940 la guerra hizo que tuviera que mudarse a Francia con su familia. Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y al poco tiempo consiguió trabajo como fotógrafa profesional en el Teatro Nacional Popular de París. Le gustaba la fotografía pero su interés más profundo estaba en la pantalla. Desde su primera obra demostró que para contar una historia no hacía falta mucho, solo un poco de imaginación e ingenio: dos cosas que Agnès poseía a mares.


Además de ser una de las pioneras en el cine hecho por mujeres, se la considera la abuela de la nouvelle vague, movimiento cinematográfico que se dio en Francia en la década de 1950 y que, en sus diferentes corrientes,buscaba romper con los cánones del lenguaje tradicional cinematográfico. Agnès no solo desafió lo establecido desde la forma, sino que también lo hizo desde los temas y los personajes en los que hizo foco.

Su mirada se corre de los lugares comunes, busca esas otras historias pequeñas que la mayoría pasa por alto:

"He preferido dedicarme a retratar a estibadores, a vagabundos, a la gente que no tiene poder. Es eso lo que me interesa", expresó en una entrevista con El Mundo.


Con una obra atravesada por el feminismo, llevó a la pantalla grande las batallas políticas de las que ella misma participaba. En Una canta, la otra no (1977), habla sobre el aborto y la maternidad en la década de los 70. En el cortometraje Réponse de femmes: Notre corps, notre sexe (1971), la directora pregunta qué es ser mujer y enfrenta al espectador con una respuesta que quizás no quiera escuchar. Sin embargo, su activismo no solo quedó en la ficción. En 1971, fue una de las 343 firmantes del petitorio por la legalización del aborto seguro y gratuito en Francia, junto a Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Jeanne Moreau y Catherine Deneuve, entre otras.


Agnès se casó dos veces: primero con Antoine Boursellier, actor y director teatral, con quien tuvo a Rosalie Varda; luego con Jacques Demy, director cinematográfico, con quien tuvo a Mathieu Demy, y a quién retrató en tres películas: Jacquot de Nantes (1991), Les Demoiselles ont eu 25 ans (1993) y L'Univers de Jacques Demy (1995). Lo autobiográfico también se filtró en varios de sus documentales, como en Las playas de Agnès (2008), autorretrato en el que va descubriendo su vida, su obra y su visión del mundo. En este documental vislumbramos su proceso creativo, su manera de bajar a tierra las ideas y, sobre todo, entendemos su filosofía de tomar el arte como un compromiso sin perder el componente lúdico. Si abrieran a la gente, encontrarían paisajes. Si me abrieran a mí, encontrarían playas”, asegura la cineasta.


Varda explica que tuvo tres vidas y en cada una fue algo distinto: primero fotógrafa, luego cineasta y por último artista visual. Humilde, paciente, dulce, autodidacta, creativa, alegre, multifacética: Agnès Varda fue una artista excepcional que se encargó de visibilizar problemáticas y sectores de la sociedad a los que nadie prestaba atención y de abrir la puerta del mundo del cine a un montón de otras mujeres.