• Ma. Catalina Jiménez

AIMÉ PAINÉ

La incansable búsqueda de sus raíces a través del arte.

Cata Jiménez repasa la vida de la artista de origen mapuche. Vivió intensamente y murió joven, haciendo exactamente lo que le había dado libertad e identidad.


Vamos mi piuke / a saludar del día el calor”, así comienza Rogativa de Loncomeo, canción de José Larralde compuesta en 1968, que años después interpretaría Aimé Painé.


Piuke significa corazón en mapuche.


Aimé Painé, hija de padre mapuche y madre tehuelche, nació en 1943 en Río Negro. Su madre, a causa del maltrato ejercido por su marido, se fue, marcando para siempre el futuro de una Aimé de tan solo tres años. Fue enviada al Instituto Unzué, un orfanato-colegio de monjas ubicado en Mar del Plata, luego la trasladaron al colegio María Auxiliadora hasta que finalmente fue adoptada por Héctor Llan, abogado y autor teatral, y su esposa.


Lo primero que notaron sus padres adoptivos fue la increíble y dulce voz de Aimé. Enseguida la enviaron a canto y música. Con dieciocho años, se independizó y se fue a Buenos Aires, donde no le fue nada fácil abrirse camino; tuvo muchos trabajos antes de ser la artista que conocemos: en una peluquería, tejía, pintaba cuadros y hasta fue asistente del artista plástico Roberto Ramaugé.


En los sesenta comenzó una relación con Ángel Lovezano, amigo de sus padres adoptivos, veinticuatro años mayor que ella, casado y con hijos. Aimé no estaba al tanto de ese último detalle y cuando se enteró ya era tarde. Esta relación la marcó como ninguna otra. Le dio una felicidad inmensa a la vez que más tarde la hundió en un espiral de tristeza. En una carta, Ángel le escribe “Qué lindo es el amor, ese amor tuyo, tan suave (…) Qué deleite, qué placer cuando se ama así (…)Me siento tu dueño por haberte hecho mujer y por haberte enseñado a amar así”. Aimé vivía sola en un departamento que él había puesto a su nombre. Su relación sufrió tantos altibajos que ella revivió en seguidas ocasiones el abandono sufrido por su madre. Fue medicada y hasta tuvo que pasar por un par de estadías en una clínica psiquiátrica para recuperarse de los episodios de crisis nerviosas que la afectaban.


Con veintinueve años, ingresó al Coro Polifónico Nacional, en donde permaneció cinco años como coreuta. Después de abandonar el coro, decidió por fin regresar a su tierra y resolver la incógnita de su identidad. Aimé Painé había sido registrada como Olga Elisa Painé porque en ese momento la ley no permitía a los indígenas usar sus propios nombres. Recién llegada al mundo Aimé sintió la negación de la cultura que la había parido. En los cuarenta no se hablaba de los pueblos originarios ni de sus derechos, no se los tenía en cuenta y sus nombres no debían ser escritos.


Solo cuando muchos años después regresó a su pueblo y reconectó con la música mapuche, su música, recuperó su nombre.


Aimé Painé significa atardecer rojizo.

Aprendió la lengua de su infancia, cambió su atuendo por las vestimentas tradicionales de los mapuches y dejó la guitarra para tomar los instrumentos autóctonos de sus ancestros: el kultrun, las cascahuillas, la pifilca y el trompe. Aimé llevó la lengua mapuche a América Latina y luego a Europa. Fue la primera mujer mapuche en difundir la canción ancestral de su pueblo, explicando al público su significado.


Su activismo no se quedó solo en la música. También participó de la Sub-comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que se realizó en Ginebra. En su discurso dijo: "Desde la invasión española que nos quieren salvar, hoy surgen salvadores por todos lados, mientras que nuestro Pueblo sigue de mal en peor". Por otro lado, presentó un proyecto de ley para que garantizara la educación bilingüe en todo el país y no se perdieran los idiomas originarios.


Murió en Paraguay con solo cuarenta y cuatro años. Estaba cantando en una entrevista cuando se desmayó a causa de una hemorragia cerebral que la dejó en un coma del que no pudo salir.


Aimé Painé nació en un contexto histórico en el cual aún había muchas voces silenciadas. Rompió con esas barreras y en la búsqueda de sus raíces llevó las voces de su pueblo a través de todas las fronteras. Murió muy joven, pero haciendo exactamente lo que le había dado libertad e identidad.