• Caterina Calcagno y Florentina Gajate

BALENCIAGA, GUCCI, PRADA.

CARTA EDITORIAL, MAYO 2021.


Escribe Caterina Calcagno. Ilustra Florentina Gajate.




Es el aniversario de una suerte de reina. Es de noche. Oigo los tambores

que lo celebran. La gente congregada en la plaza improvisa altares y modula,

a través de instrumentos de viento, la célebre sinfonía.

¡Qué extraño que yo nunca la haya oído!

“Visiones”, Silvina Ocampo.



En Juncal y Uruguay, casi llegando a Callao, se juntan personas, no son tantas pero las calles estrechas les juegan a favor, parecen más. Van vestidos de blanco y beige y tienen sobre sus hombros banderas argentinas recién compradas, se nota porque están acartonadas y con los pliegues marcados; llevan sus sartenes Essen que desperdigan pedazos de teflón por el aire, no les importa: ni las sartenes ni la contaminación, pueden comprar otras, pueden respirar otro aire e irse a vivir a otro planeta. Podrían, si quisieran, no respirar. Mientras golpean la sartén con una cuchara de madera, adentro suena Iggy Pop y se lee a María Moreno; las paredes son impecables, decoradas apenas con unos cuadros de artistas nacionales, exquisitos, y con una fotografía en blanco y negro de ellos, en Santa Cruz, en un viaje de relajo; las ventanas tienen mosquiteros y Elena baila. Baila la música que pone su madre, su abuela ayuda a concretar los pasos, se puso unas calzas negras para jugar con la nena. Le gusta estar cómoda. En la silla, su cartera Gucci también negra y de herrajes dorados. Elena se la pone y juega a desfilar, la revolea cuando llega al final del pasillo en un gesto copiado de alguna publicidad, es imposible abstraerla de todo, tira lo que hay adentro que no es mucho, apenas unos chicles y algún rimmel pero también está el Ipad y estalla. Ahora adentro parece haber partículas similares al teflón de afuera. La abuela de Elena se ríe y Florencia, su madre, la reta. La manda a bañarse y ponerse el pijama. No van a volver a salir, el auto ya está adentro y afuera hay mucho teflón en el aire, es peligroso, mejor se quedan leyendo algo adentro. Mañana se van a Cuba. Florencia piensa que lo mejor es que vayan al aeropuerto antes de que amanezca, con el teflón ya asentado y con poca probabilidad de vuelo en esas horas. En la otra esquina un hombre habla por teléfono a los gritos, parece ser un inspector de afip el que está del otro lado, le ruega con tono amenazante, el que está del otro lado parece estar firme en su conducta. Cortan. El edificio de Juncal y Montevideo está escrito con aerosol plateado, “garca” y “kuka” son las leyendas que más se repiten, todavía todo está fresco. Mañana lo limpian. Florencia tiene razón, cuando salen a la mañana tempranísimo, solamente se cruzan a tres chicos que vuelven de bailar, están tan borrachos y drogados.


Después del primer auto y el segundo auto que sirven para distraer, sale Ella a bordo de su Audi negro manejado por un hombre de mediana edad ataviado en una camisa blanca, está sentada en el asiento trasero sola, la cartera -hoy lleva una Chanel también negra- en su regazo, el pelo caoba perfecto levemente ondulado, seguro lo moldeó alguien idoneo, las gafas oscurisimas y grandes no dejan ver sus ojos, que aunque no se ven, se sabe, están maquillados. Va a viajar con su hija y su nieta a Cuba, se instalan un mes, tal vez dos si es necesario. Miguel Díaz-Canel las espera en el aterrizaje para mostrarles los nuevos campos de cría de niños perdidos, se calcula que en el último año cayeron del espacio cerca de veinte mil, de los cuales apenas siete mil fueron recogidos por su familia apenas días después, los restantes trece mil reposan en los campos con salida al mar y buffet libre las veinticuatro horas. Son de tez oscura, morena azulada, de estatura normal, desgarbados y elásticos. La elasticidad se debe a que su porcentaje de sangre en el cuerpo es mucho mayor al nuestro. También se caracterizan por no sentir.


El tratamiento es relativamente sencillo, mientras Florencia lo toma, Elena va a un campo de cuidado, similar al de cría, con salida al mar y buffet completo. En el campo de cuidado leen, escriben y juegan. Como en el campo de cría. La diferencia -porque claro que hay diferencia- Elena no va a ser sometida a ningún rito de iniciación que prepare su cuerpo para finalmente abandonar la tierra y el mar, y dejar a modo de veneración su sangre azulina para curar al hijo de los reyes de Jordania, a la hija mayor de los reyes de Holanda, y a la hija de Cristina. Los tres hijos de están prácticamente curados pero tienen que ponerse fuertes, van a necesitar unos veinte mil niños azulinos más. Es curioso que justo los tres, hijos de jefes de estado, padezcan lo mismo, dicen en una cadena de televisión, la CNN Latinoamérica. La única que Díaz-Canel permite emitir su programación casi completa en Cuba.

De Cristina no hay noticias durante muchos días, los medios en Argentina especulan un amorío con un ministro cubano. No hay ministros cubanos, eso no saben los medios argentinos. A los pocos días trasladan la especulación a un tratamiento estético, también con niños azulinos, los malgastan dicen, ya no piensa ni en la mejoría de su hija. Hasta la semana anterior juraban que tal enfermedad no existía. Se van a Cuba porque en Argentina tendrían teflón alrededor de las ventanas de la clínica, es imposible que un enfermo se recupere, es menester el silencio en el ámbito hospitalario. También el aire limpio. Florencia mejora, los azulinos son muy eficientes y el aire de mar de Varadero es muy bueno, ayuda considerablemente. Se podrían tomar unos días antes de volver a Buenos Aires, lejos de los campos de los azulinos y de los campos de cuidado también. Elena les ruega quedarse, alega el buen comer y el mar como defensa, tiene razón. Vuelven las tres a Buenos Aires en un avión de la flota presidencial, se traen cinco azulinos de repuesto, es menos bochornoso que volver a viajar a Cuba. Además, siempre se quieren quedar.