• Caterina Calcagno

EL CERO ES UN NÚMERO NATURAL

ALEX


Es Lic. en Comunicación por la UBA y magister en Periodismo por la Universidad CEU-SAN PABLO y el diario El mundo, Madrid. Actualmente es becaria doctoral por CONICET con un proyecto de investigación sobre la poesía cuir contemporánea. Publicó la novela El Camino de los Perdidos (Milena Caserola, 2017) y el poemario Justo antes de olvidar mi nombre (Elemento Disruptivo, 2018). Este año presenta El cero es un número natural por Concreto Editorial y fue la excusa para que charlemos.


Fotografía: Mili Morsella

¿Cuál es el inicio de tu relación con la poesía?

En 2017 publiqué una novela, así que no enmarco ahí el inicio de mi vínculo con la poesía. Creo que el origen está mucho más atrás, en los poemas de Alfonsina Storni o de Alejandra Pizarnik que alguna vez leímos en la primaria. En la adolescencia tuve un momento de alejamiento del mundo poético que retornó en mi juventud, cuando hice algunos talleres con Gaby Bex. Su propuesta de escritura, que entonces entendía como lúdica, me atrajo y me devolvió a la poesía.


¿El auge del movimiento feminista tiene que ver con esto de sacar a la luz una obra que es disruptiva y que quizás pre boom feminista hubiera sido malinterpretada?


Habría que ver si esta obra es realmente disruptiva y si podemos hablar de -o de qué hablamos cuando hablamos de- un boom feminista.


¿Qué rol cumple el periodismo dentro de tu faceta como poeta?


Esperemos que ninguno.

El lenguaje que exige el periodismo es un lenguaje urgente, necesario, imposible de separar de la inmediatez de su actualidad. Este poemario busca lo contrario: la suspensión del tiempo, la intimidad, el letargo.

El poemario busca e interpela al lector desde su no-tiempo.


Tu obra muestra una militancia por la liberación sexual. Leyéndolo como parte de tu identidad ¿es una forma de concebir el amor?


Me agarras en una época difícil. No sé si tengo una forma única de concebir al amor y la palabra “libertad”, de pronto, me parece asimilacionista, otro eufemismo malogrado del neoliberalismo que logró meterse en nuestras camas no (cis)heteronormadas para, de algún modo, normalizarlas.


Fotografía: Mili Morsella

¿Te imaginás realmente un mundo sin internet? O si lo llevamos a algo menos extremo ¿una cuarentena sin internet? Nada de videollamadas, ni redes sociales…


Me lo imagino y definitivamente sería una de las primeras en morir, no hay duda. Eso respecto al futuro utópico. Respecto a la cuarentena, creo que todxs hemos atravesado ese momento de terror al pensar en qué pasaría si se nos rompiera en este momento la laptop o el celular. En mi cabeza, la respuesta se parece mucho al desenlace de un cuento de Mariana Enríquez.


¿Qué te lleva a escribir sobre dos opuestos, como son la hiperconexión y la naturaleza, que podríamos tomar como sinónimo de desconexión?


Acá está la parte graciosa.

En enero de 2019, cuando escribí El cero es un número natural, estaba atravesando mi propia cuarentena en una casa en la montaña.

Lejos de mis amigxs, después de haber terminado un vínculo amoroso y de estar conociendo los dolores de la desestructuración del sentimiento, y… sin internet. Sin siquiera 3G. No podía hablar con nadie de la ciudad. El poema está escrito en los confines de un valle apenas habitado, en donde en algún momento se vivió una tragedia familiar, y desde ahí escribí. Es curioso… la capital y todo lo que la rodea, sus egos, sus conexiones, sus fiestas, todo parece estúpido cuando se lo mira desde la distancia de las nubes y al mismo tiempo sigue siendo algo tan envidiable.


Te lo pregunto yo a vos ¿te acordás de cuándo fue la última vez que pasaste un día entero sin mirar el celular?


No, ¿y vos?