• Caterina Calcagno

FLAVIA CALISE: "LA TERNURA ES LA PACIENCIA Y LA PACIENCIA SON LOS DETALLES"

Flavia Calise es poeta y performer. Este mes publicó, bajo la editorial Concreto, Mientras te llamo diseño mi tumba, un libro que recopila algunos de sus poemarios e incluye un diario inédito. El taller de poesía, el Varela, sus alumnes y sus referentes.


Fotografía de Sofía Fariña

Es viernes, hay sol y el movimiento típico de la ciudad. Adentro todo parece estar en un parate: señores que toman un café; un chico que almuerza un sánguche con cerveza; una chica que trabaja en su Mac; otra chica que llega con su abuelo para tomar una soda. Llego media hora antes que mi entrevistada, siempre le tengo miedo a una posible falla de reloj, a un accidente de tránsito que me impida llegar a tiempo o simplemente a que mi cabeza me juegue una mala pasada. Flavia llega 15.40, diez minutos después de lo acordado. Me pide disculpas, muchas disculpas que intento neutralizar. Nada es tan grave y es una de las cosas que hablamos un rato después, cuando el grabador marca on.


Afuera está Palermo, el barrio donde todo es cool y todo funciona con mucha velocidad y cambio permanente, la falsa vanguardia: los bares, los negocios de ropa, la gente. Sin embargo, en Scalabrini y Paraguay hay una esquina que se abstrae de toda esa información. En una de las cuatro esquinas que data esa dirección está el mítico Varela Varelita. “Administrado por los dueños y mágico por nuestros clientes”, dice en el instagram del bar. Esa locación es nuestro adentro, el lugar donde nos citamos para una entrevista.


Mientras te llamo diseño mi tumba es una antología que recopila poemarios discontinuados y el último libro publicado bajo la firma de Flavia Calise. Editado por Concreto como los anteriores Beso las flores antes de tirarlas (2018) y ¿Qué es la ternura? (2019), le pregunté a la autora sobre la elección de los poemarios que entraron en la antología. La respuesta es sencilla en el punto temporal: Beso las flores..., ¿Qué es la ternura?, La violencia es una estatua (Hexágono, 2020) y El libro de los peores sentimientos (Acordeón, 2021) son todos libros recientes que no están discontinuados y por lo tanto no iban a entrar; no era algo que favoreciera a Flavia ni a Concreto. El factor respeto por los sellos que editaron los últimos dos títulos es no menor. En cambio, Diario en carmesí (2012), Las canciones que les gustan a los muertos (2015) y El incendio que hicimos en tu casa (2018) corrían, si se quiere, riesgo de perderse. Ella no usa la palabra pero Mientras te llamo... es un rescate de la obra de la jovencísima Flavia que empezó a publicar en la adolescencia con el plus de lo inédito que está dado por el diario Cuando un auto entre en la disco y te roce la nuca. “Como yo no estaba contenta con la escritura de ese momento y me parecía que no le iba a sumar ni a la editorial ni a mí, hice una pequeña reescritura de los primeros títulos manteniendo la esencia de lo que fue esa época, de la adolescencia, lo destructivo, el aprendizaje, la idealización de personas. Hicimos unos pequeños ajustes para que yo esté contenta y Afri estuvo de acuerdo. El que menos se tocó fue El incendio que hicimos en tu casa, el tercero.”


¿Sentís que en la plena juventud tu escritura era como lo que Fogwill llama “literatura verdadera”?


Siempre estoy muy pegada a lo que escribo. De hecho mi último libro es un diario. Lo que aprendí con el paso del tiempo es que no siempre es importante lo que te pasó. Es importante en la poesía también ficcionalizar, correrse del ego de contar lo que te sucede para que el poema suba, para darle otro nivel al texto. Todo esto a partir de un sentimiento real y una emoción honesta porque si no, si es simplemente ficción, es más parecido a ciencia ficción. Y yo no escribo ciencia ficción. Entonces, es importante ir a donde al poema le convenga y si hay que mentir, bienvenido sea.


Convertirte en un personaje...


Crear algo es amplificar algo que ya sos. Cuando estoy leyendo o haciendo una performance todo se amplifica para captar atención, para transmitir lo que quiero decir… desde el modo de pararme, de vestirme. En la poesía, para mí, pasa lo mismo. No hace falta romperse para escribir poesía, hace falta aprender, leer, estudiar y a lo que vos ya sos, si te divierte y te parece que sirve para el texto, darle una subida de fuego.


Mientras te llamo… es el libro que más me movilizó. Muestra diez años de laburo y me mueve cuestiones personales. Es algo personalmente histórico. Fue duro porque es releer, revisar. No reconocerte, por suerte, creo que hay que estar orgullosa del proceso emocional y de la escritura; no tanto de lo bueno o malo. No creo en ese binarismo



¿En la ficción vale todo?


Todo.

A mi el humor me parece reimportante: no sé si me gusta más el humor que la poesía.

Consumo mucho humor en diferentes formatos, es algo que me interesa mucho. De hecho estoy en el proceso de una investigación de la poesía y el humor y creo que tienen muchas aristas que se tocan. Por ejemplo, el vale todo; la cadencia; el ritmo. Hay que tener buen ritmo para ser buen poeta y buen humorista. Me parece importante sacarle lo solemne al poema.


¿Quiénes son tus referentes, a les que les debés la poesía?


Alejandra Pizarnik fue mi primer amor en la poesía. Empecé a escribir por ella. Y mi segundo amor, en la adultez, Ana Cristina César es mi amor.


 

Es importante besarse bailando de vez en cuando es el (gran) título del taller de poesía que dicta Flavia y que ya tiene tres años. Flavia reflexiona y parece caer en la cuenta, en ese mismo momento, que lleva más tiempo en la virtualidad que en la vieja realidad. Esto, también reflexiona, le jugó a favor a la federalización del taller y a muchos otros espacios culturales, “me pone recontenta por cuestiones personales y políticas escuchar otras voces, de otras provincias y otros países también”.


¿Vivís de la poesía?


Sí, pero me dedico hace quince años a esto y vivo de la poesía desde hace tres nada más. Es algo que me alegra pero que lo logré con mucho trabajo, no fue de un día para otro ni fue magia. Durante mucho tiempo hice trabajos no remunerados pero hay que aprender a poner los puntos. Lo hacía gratis porque me gustaba hacerlo, porque la persona que me lo pedía me caía bien. Pero basta. Es tiempo, es trabajo.


A mí me gusta decirle “consumo cultural”: si alguien lo está consumiento, queda claro que es un trabajo.


Lo tomo. Lo voy a usar.


¿Estudiaste teatro? Tus lecturas son performáticas y eso está muy ligado a la actuación.


Un tiempo con Catalina Lescano y María Abadi. Tengo ganas de volver y tengo muchas ganas de actuar. Me siento muy cómoda y me divierte mucho.


¿Cómo te llevás con las redes sociales?


En este momento tengo una relación súper sana con las redes. De hecho, me ha dado trabajo. Mucha gente que viene al taller me conoció por instagram. Para mí es una gran herramienta y no me consume; si tengo mensajes que responder, lo hago pero ejecuto y capaz que dejo el celular durante horas.


 

Dejamos para el final la charla sobre lo que nos rodea en lo inmediato y enmarca la entrevista, el Varela Varelita. Flavia es habitué desde hace muchos años, cuando empezó a venir porque en su casa no se podía concentrar. De ahí en más, se generó un vínculo que recorre desde lo estético a lo ético, “no me pasa solamente con el Varela, pero hay cosas que me emocionan por la belleza y no necesito más”. Después vendrían los ciclos de poesía, “me brindaban el espacio con mucho amor y para mí eso es muy valioso”; las reuniones laborales café mediante con su editora, Afri Aspeleiter; las juntadas de escritura con amigues.


La leyenda del vampiro floral y Querés que llore son los ciclos literarios que Flavia Calise llevó adelante desde el 2017 en el Varela y en otras locaciones también. Estos ciclos contaron con personalidades muy queridas como la gran Rosario Bléfari, de quien Flavia habla con profunda admiración. “Cuando hablaba de referentes, Rosario es una gran referente porque Rosario era una artista. No era música o escritora o actriz. Era todo y todo lo hacía de forma espectacular, con profunda emoción”.


¿Qué es la ternura para Flavia Calise?


Me estoy acercando a que para mí la ternura es la paciencia. Todo surgió porque cuando me fui a vacunar por primera vez, vi la ternura en las enfermeras. Recontra expuestas y con mucha paciencia explicando, a mí y a todes, cómo eran las cosas, qué había que tomar si levantábamos fiebre. Volví muy emocionada de la primera dosis.


Además, la paciencia en un mundo tan caótico es una virtud, tenerle paciencia a alguien es un acto de amor total. Y no hablo solamente de les demás, tenerse paciencia a une misme y los procesos de cada une. Tener paciencia es tener límite también. Estoy pensando mucho porque escribo y milito, por temas personales, la salud mental. Todo eso me lleva a decir que para mí la ternura es la paciencia. La ternura es la paciencia y la paciencia son los detalles.