• Agustina Berardozzi y Natalia Mazzei

GESTIÓN MENSTRUAL

LA NUEVA ERA


La forma de menstruar se hace eco de la sustentabilidad y aparecen nuevas formas de afrontar el sangrado. Para lograrlo, se necesitan políticas públicas que gestionen los productos para que todes podamos acceder a ellos. Las posibilidades y restricciones económicas y de índole personal, en esta nota.

Lettering: Fiorella Nucara

La menstruación: un factor de desigualdad.

por Agustina Berardozzi


El proyecto de Ley Integral de Menstruación Sostenible, impulsado por la asesora de la Jefatura de Gabinete, Carmela Moreau, propone que se garantice la entrega gratuita por parte del sistema de salud, tanto público como privado, de los elementos necesarios para la gestión menstrual, en lo que ella misma declaró como una política sanitaria con una mirada feminista y ambiental.


Según un informe realizado en 2019 por el colectivo Economía Femini(s)ta en el marco de la campaña “MenstruAcción”, las personas que menstrúan destinan el 10% de sus ingresos a adquirir los elementos necesarios para la gestión del ciclo. En este sentido el proyecto de Ley abarca dos pilares: la gestión menstrual y la salud menstrual integral, contemplando la entrega gratuita y obligatoria, para quien lo requiera, de productos reutilizables destinados a la contención durante la menstruación y medicamentos que se requieran para atravesar el período sin padecimientos.

A raíz de la presentación de este proyecto, Yanina Latorre vomitó en sus redes un discurso clasista y lleno de odio, que no genera otra cosa que indignación y mucho repudio por parte de las organizaciones feministas que luchan por la equidad social. La panelista, muy popular en las redes sociales (cuenta con millones de seguidores) no solo rechazó y menospreció la propuesta para el suministro gratuito de elementos de higiene menstrual sino que además se burló y ridiculizó la utilización de la palabra “personas menstruantes”, dando por hecho que quienes menstrúan SOLO son las mujeres.


No es la primera vez que escuchamos este tipo de mensajes que menosprecian, ningunean y discriminan un proyecto que tiene a la igualdad en sus bases.

Los cuerpos menstruantes no podemos elegir si queremos menstruar o no, no tenemos esa opción. Y encima, hay miles que tampoco pueden elegir cómo hacerlo y en qué condiciones.

Los productos de higiene menstrual son de difícil acceso, y se necesita un ingreso fijo mensual para obtenerlos. Niñas y adolescentes ven afectada su educación cuando, por ejemplo, faltan a la escuela por no poder adquirirlos.

Con esta ley, miles de personas menstruantes podrían acceder gratuitamente a estos productos. El proyecto prevé un “marco igualitario, protectorio y asistencial para el desarrollo y el cuidado de la salud” de toda la población, manteniendo un enfoque sostenible. Pero, ¿por qué un proyecto que se realiza en pos de la ampliación de derechos, genera tanto odio y rechazo en ciertos sectores? ¿Será que, además, menstruar sigue siendo una vergüenza y un tema tabú para muchas personas?


Higiene menstrual ecológica

por Natalia Mazzei @ecointensa


Si nos remontamos a aquella primera menstruación, los cuerpos menstruantes seguramente coincidamos en que lo que recibimos entonces para hacerle frente fue una incómoda toallita descartable para que ajustemos a nuestra bombacha durante algunas horas, para luego tirarla a la basura y reemplazarla por otra, y así cíclicamente hasta pasados cuatro, cinco, seis días.

Pasaron años desde mi primera menstruación, y me enfurece darme cuenta que la primera toallita que usé, allá por el año 2003, probablemente siga existiendo.

Entender que el plástico no desaparece y que los rellenos sanitarios siguen aumentando de volumen es una forma de tomar la maravillosa decisión de cambiar nuestra forma de consumo en todos los aspectos de nuestra vida, entre ellos, en lo relativo a nuestra menstruación. Con respecto a eso, hace algunos años -diez aproximadamente- escuché que en Estados Unidos existía algo llamado "copa menstrual", un gadget mucho más ecológico que las toallitas y tampones, ya que tenía la particularidad de ser reutilizable. En aquel momento me pareció una excentricidad (aunque interesante) y pensé que,

con todo lo que había para cambiar, me parecía injusto echarle la culpa de la contaminación plástica a mi ciclo menstrual y a mis toallitas.

Con el correr del tiempo fui entendiendo que mi consumo tiene un impacto en mi entorno, y que más allá de lo que hagan los Estados y las industrias debía hacerme cargo de la parte que me tocaba. Hoy, mi ciclo es libre de plásticos y les invito a que, si aún no lo han hecho y tienen la posibilidad, se animen a menstruar de forma sustentable. Las alternativas que tenemos son, por lo menos, tres:

1) reemplazar las toallitas descartables por toallitas de tela: estas se lavan, se secan y se reutilizan.

2) pasarse a la copa menstrual: este método reemplaza al tampón ya que va dentro del cuerpo, no se siente, no desborda y es super cómodo.

3) experimentar el sangrado libre, que consiste en registrar los síntomas de nuestro cuerpo cuando estamos a punto de sangrar para rápidamente ir al baño y menstruar en el inodoro. Adquirir estos hábitos nos permite reducir nuestra generación de residuos plásticos y, además, nos evita el riesgo de utilizar métodos descartables que, cada vez más, se encuentran impregnados de agrotóxicos. Recordemos siempre que lo que es bueno para el planeta, en general, también lo es para nuestros cuerpos.