• Sabrina Zelaschi

HUELGA DE SUEÑO

Sabrina Zelaschi.

Fotografía: Roco Perna

Buenos Aires 15 de Octubre de 1997


Querido, espero que estés sentado para recibir esta noticia, me gustaría estar ahí con vos para ver tu reacción. Me imagino tu grito agudo y tu saltito espástico. Ahí va, sin preámbulos: Se casa la abuela Sara.

¿Ya te sentaste? ¿Estás desorientado? ¿No entendés nada? ¿Pensás que es una broma? Perdón por tantas preguntas, sabes cómo me pongo cuando me entusiasmo y hace mucho que no nos escribimos. Nadie lo veía venir, pero es real.

El romance comenzó inesperadamente hace tres semanas. Con José Bueno, el bajito que siempre está sonriendo y que le gusta el folklore. El que tiene olor a naftalina. Lo conociste la última vez que estuviste acá, en el festejo de navidad. Es el compañero de burako de ella, aquí el quid de la cuestión. Hace dos semanas hubo un torneo de burako en el geriátrico y salieron campeones. Entre el éxtasis de la victoria y el vino del festejo, algo se encendió. La abuela con el trofeo en la mano besó repentinamente a José en los labios y enseguida sucumbió ante sus encantos. Parece que ese beso generó novedad, sorpresa, y contradicción en Sara. Algo que no había sentido desde el abuelo Dardo. Me dijo que hasta le daba un poco de culpa sentirse así pero que el corazón estaba ganándole a la cabeza y por primera vez iba a seguir ese impulso.

Nos contó Nora, la enfermera pelirroja, la de caderas anchas y lunar en la mejilla izquierda, que nunca la vio así. Se comporta como una nena de quince años con su primer novio. A los pocos días del torneo lo llamaron a papá para preguntarle si la autorizaba a cambiarse de habitación y dormir con José. Se pusieron firmes en el pedido y hasta que no se los cumplieran no iban a dormir. Huelga de sueño dijeron. Papá dijo que sí enseguida. Juana, la compañera de cuarto de la abuela, no quería saber nada con que la cambien de habitación, tuvieron una pelea que duró dos días, hasta que se dio cuenta de que estando sola y sin los ronquidos de ella, dormía mejor. Sara y José colgaron un cartel en la puerta de su habitación que dice “Golpee antes de entrar” y corazones en las cuatro esquinas.

José tiene 89 años, dos años menos que la abuela. Juana la carga y le dice que se agarró un pendejo. La abuela pidió que le enseñen a tomarle la presión, no quiere que las enfermeras lo toquen. Como siempre, prefiere hacer todo ella antes de delegar, tener el control de todo lo que sucede a su alrededor. Como cuando nos contaba los cuentos cambiándoles el final para que terminaran como ella quería. Para nosotros a Caperucita se la comió el lobo por no hacerle caso a su madre y Wendy se quedó para siempre con Peter Pan en el país de Nunca jamás.

Sara y José sentaron precedente para futuros romances. Nunca antes se armó una pareja entre los internos.Los viejos del geriátrico están alborotados, las demostraciones de cariño de los enamorados los excitan. Les pidieron que traten de no tocarse tanto en el comedor y en los espacios comunes, que lo dejen para la intimidad. Viste cómo es la abuela, no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, así que entre su personalidad desafiante y la impunidad de los viejos está haciéndolo con mayor énfasis. Se pasa dándole besos todo el día y hasta a veces le toca el bulto para provocar a las enfermeras de turno. José se pone colorado y le saca la mano con suavidad.

La sorpresa de la semana pasada fue que José llamó a papá para pedirle la mano de la abuela. No sabes la reacción, si lo veías no lo reconocías, no sabía qué contestar, se puso pálido, se le secó la boca, empezó a transpirar frío y contestó tartamudeando: Te te te llamo en un en un un rato. Una respuesta evasiva que ante el desconcierto fue lo único que le salió decir. No se lo esperaba, pensó que iba a ser algo pasajero. Acto seguido llamó Sara a casa y le dijo que aunque él le diga que no, ella se iba a casar igual, que no necesitaba la aprobación de nadies. “Nadies”, así le dijo.

Con mamá tuvimos una charla con él para hacerle entender que más adelante no sabemos qué va a pasar, que el tiempo es ahora y que si ellos creen necesario festejar su amor de esa manera hay que acompañarlos. Papá no se oponía, es que no se lo veía venir y a mi entender tuvo un pequeño ataque de ansiedad. Después de volver a su eje lo llamó a José y le dijo que sí.

Se casan en dos meses, vamos a hacer una fiesta en el jardín de casa. Ya tenemos las invitaciones y el catering, que lo va a hacer la hija de Adriana y Daniel. Contratamos un conjunto folclórico, esa es la sorpresa de Sara para José. La semana que viene vamos con mamá y la abuela a ver trajecitos color marfil. Los hijos de José le mandaron a hacer un traje a medida del mismo color. La torta es de tres pisos y con la estatuita de dos enamorados con el pelo blanco coronándola. Me siento en una película de Fellini.

Para este momento ya entenderás el motivo principal de mi carta. Me pidió que te escriba porque le gustaría que estés presente ese día. Ojalá puedas venir antes de lo que tenías programado, pensamos que como la fecha es cerca de las fiestas podes pedirte unos días y venir con los chicos. La abuela quiere que le bailemos la canción de los Bee Gees con los primos, como cuando éramos chicos y se la hacíamos en su cumpleaños. Le dije que me parecía que ya estábamos grandes para eso, pero insistió y no acepta un no como respuesta. Para qué discutirle a Sara si ya sabemos quién va a terminar cediendo. Le pedí a mamá que busque los chalecos de lentejuelas. Hablé con Nati y Pablito, no quieren saber nada. Si vos no venís a salvarme voy a tener que estar sola como una pelotuda bailando ante todo el geriátrico Stayin´Alive. Vení. Necesito que seas mi cómplice en esta ensoñación.


Te extraño y te ruego que vengas,

Tu hermanita querida.


P.D: En el sobre va la invitación a la boda, tenés que responder a la brevedad.