• Andrés Guaranelli

KOI: ATRAVESAR LA PECERA.

Una novela de Ezequiel Dellutri.


Luego de muchas afirmaciones negativas sobre su propia imagen, la protagonista de esta novela, Laura, nos revela la siguiente frase, causa de su asombro: “-Sos linda. - Eso me dijo: que era linda”. Así comienza la obra escrita por Ezequiel Dellutri y ganadora del Premio Norma de Literatura Infantil y Juvenil en 2018.


Pero empecemos por explicar de qué trata la historia: Podemos decir que es una novela realista, un drama adolescente. Narrada por la propia voz de la protagonista, se nos cuenta que ella padece de bullying en la escuela, que no se siente cómoda con su aspecto físico y que nunca llegó a conocer a su padre, razones que harán incluso que se corte a sí misma. Laura empezará a cuestionar el mundo que la rodea y a querer saber más sobre su progenitor. Tal búsqueda le abrirá nuevas puertas, como por ejemplo su amor por el rock nacional.


Pero lo más impactante, tras develarnos la trama sobre su papá, no será la figura paterna en sí, sino su legado. Laura descubre que tiene un hermanastro llamado Julián, un chico autista que está obsesionado con los peces de su pecera y que pocas veces sale al mundo exterior. Este encuentro será un punto de inflexión para la trama, pues ambos personajes, con idas y vueltas, aprenderán y se ayudarán el uno del otro.


¿Y qué más pasa en la novela? ¿Qué la hace tan interesante? Bueno, la obra innova en tocar la temática del autismo desde la perspectiva de una adolescente, que al principio no comprende a su hermanastro, que por momentos siente vergüenza de que sea este su par, pero que finalmente lo acepta tal cual es. Parece simple, pero ¿cuántas personas se aceptan a sí mismas? ¿Cuántas personas aceptan a otro como es? ¿Cuántos prejuicios nos comemos en la vida? Todas estas preguntas que parecen venir de una página con frases motivacionales new age compartidas por miles de personas y sin significado profundo alguno, son las que me hago mientras escribo seriamente y sabiéndome oriundo de una ciudad chica, con su gran infierno donde hay corrientes imposibles de sortear y aquellos que las nadan en contra son vistos como raros, como Julián.


La novela es también de aprendizaje, y quiero recalcar que el rótulo de “novela juvenil” no me cierra. No es una lectura “más fácil” y además está llena de temáticas que durante mucho tiempo fueron motivo de vergüenzas y tabúes entre los adultos y que nos queda por aprender (y desaprender lo que nos enseñaron las doctrinas con las que crecimos) cómo entender que el autismo no es una enfermedad, como explica la mamá de Laura: “No, Laura. Julián no está enfermo. Julián tiene determinadas condiciones que le impiden llevar una vida normal, pero no está enfermo. No tiene algo parecido a una gripe, ni siquiera una enfermedad crónica”. Así, este pasaje nos invita a pensar cómo sería llevar una vida “normal”.


No es casual, considero, la elección del gusto del personaje por los peces. ¿Acaso no todos fabricamos nuestras propias peceras? ¿Cómo sería salir de ellas? ¿Cuánto dolor y esfuerzo implica? ¿Cuántos beneficios nos podría dar buscar un lugar más amplio donde no se trate solo de nadar en círculos en lo seguro? Es tal vez la metáfora más importante, en la que el autor pone su énfasis para que veamos más allá de los colores hermosos pero superficiales de los peces. Finalmente, retomando con el comienzo de la novela, entendemos al fin que el “Sos linda” de Julián a su hermana va más allá de lo meramente estético: es ver un poco más allá, es ver algo que no todos son capaces.


*Las ilustraciones son de alumnes de Andrés, de 13 años.