• Jazmín Carballo

LAS MUTACIONES

Las mutaciones es un texto collage que Jazmín minó de las redes de les escritores Tomás Schuliaquer, Inés Ripari, Nico Colfer y Sofi Posse y amalcigó en este relato en el que una voz (o muchas) está en una constante disyuntiva entre lo que piensa y lo que dice. Se leyó el 31 de octubre en el ciclo “En cualquier pista hay riesgo de accidente” de la jornada El pop también es cosa poética, en el Centro Cultural Recoleta.


Fotografía: Tomás Kenny

Veo el futuro como una colina que no sé atravesar. Es la vida, que hoy es otra, y no vuelve a ser lo que fue. Yo solía escribir mucho en los viajes. En algún momento me iba sola a un lugar, para conectar y pensar tranquila. Pensar es decir para mí. En dos mil once fuimos al norte y me acuerdo que una tarde caminé a un cerro y escribí unas cosas que después fueron una canción que compuso Mogui y que hoy todavía, cada tanto, cantamos. En otro viaje me fui al lago y escribí un cuento que hace mucho no leo, pero que está publicado y me gusta bastante. Pienso: me gusta bastante. Digo: está bien, zafa. En el último viaje, llevé un cuaderno y dije: algo va a salir. En mi monoambiente de Capital estaba en la mesita de luz y lo guardé en la mochila porque pensé que iba a pasar lo que antes dije: algo va a salir. Volvimos y el cuaderno en el fondo de la mochila, intacto. Pienso: no salió. Y entonces digo: lo guardo, no salió. Después vuelvo a pensar muchas cosas pero que no tienen algo en común. Quiero permitirme pensar y decir cosas dispersas, que no tengan nada en común. Pienso: quizás eso sea lo común, que todas juntas no tengan nada que ver. Digo, ¿no tener nada en común es no poder comunicar? Esta boludez que estoy escribiendo es lo primero que escribo en dos semanas y no me preocupa. Pienso: no me preocupa. Digo: no me preocupa. ¿Pensar es más íntimo que decir? Yo quiero decir, porque decir, a mí, me excita, decir, a mí, me enciende, decir me dice. Yo pienso en el futuro, yo quiero decir: veo el futuro como una colina que no sé atravesar, veo el futuro como un vientre al que entro. Es la vida, que hoy es otra, y no vuelve a ser lo que fue. Siento fuerza. Bien adentro me perdí. Quiero decir babag anush, quiero que vos digas baba ganush, quiero ver tu boca moverse cuando decís baba, se pone de una manera que con ninguna otra palabra podría ponerse, me gusta el momento en el que doblás el labio de abajo como un cuenco, justo en la parte de pronunciar ganu y al instante siguiente, casi en un enlazado imperceptible, se te ven los dientes de conejo cuando aspiras en la sh de ganush, me gusta cuando decís ganush. Pienso: quiero escucharte decir baba ganush todo el día, pero todavía no digo nada, espero el momento para decir: loopeate diciendo baba ganush por favor.

¿Dónde queda lo que no dije? ¿Dónde queda todo lo que no pensé? ¿El fin del mundo es no decir? Una sensación me queda en el cuerpo: ¿cuánto nos modifica la forma en que terminan las cosas? Digo, cómo vamos a ver, si volvemos a ver, las finales con Chile. Eso me angustia un poco, me hace pensar en los finales de todas las relaciones, en los recuerdos felices que intenté borrar, en las ficciones que sin querer inventé para poder avanzar. Quiero decirlo ahora porque, quizás, en Qatar Messi erra tres penales y yo lo voy a seguir queriendo: estoy convencida. Ese amor se explica porque lo más lindo que nos puede dar el fútbol son las emociones, y eso no es solo salir campeón. No los amo por salir campeones. Pienso: en la noche previa a la final del mundo en la que fui al baño de un bar y un pibe me miró fijo y sonrió, al principio me asusté, pero al toque me dijo con la voz entrecortada algo que no quiero ni puedo olvidar: mañana jugamos la final del mundo. Jugar la final del mundo. Jugar en el fin del mundo. Imagino el futuro como una colina que no sé atravesar, el futuro como un vientre al que entro. Siento fuerza. Bien adentro me perdí. Imagino el fin del mundo más atrás del futuro. No, no, más atrás. Un poco más. Imagino el fin del mundo siendo aguas estancadas, reconociendo nuestros límites muy claramente, no creyéndonos todo. ¿Cómo pensás que apreciaríamos las formas entre tanto derrame? Me lo dijo ayer, me lo dice hoy, me lo dijo tres veces y me lo dice ahora mismo. Me pregunta: ¿Cómo hace la gente que viaja sola a la playa para ponerse protector en la espalda? Pienso: esto que escribe lo voy a anotar en mi cuaderno. Digo: no puedo responder, no todavía. ¿Vos creés en las mutaciones? Porque si vos y yo podemos compartir este gustito, dormir abrazados, saltar alto, ¿qué nos impide volvernos agua, fugarnos, vaciar nuestras vísceras, volvernos el elemento perfecto? ¿Cuál es nuestro límite? Me gustaría que describieras una imagen del futuro, lejos de este tejado caliente, fuera de este árbol deshojado que ya no da sombra. Vamos a crecer, indudablemente. Tendremos frío a primera hora de la mañana, pero jamás dejará de gustarnos ese silencio de las siete. ¿Seguirá siendo el lenguaje el arma de creación más poderosa o volveremos a los gestos? ¿Volveremos a ser invisibles? ¿Nos comerán? ¿Nos extinguiremos? ¿Veremos el fin del mundo desde esta terraza o será por fin este territorio un gran mundo de colores donde el afán tan necesario de nombrarnos quede viejo? Pensar en el futuro me da tristeza, ¿a vos también? Podemos ir a probar suerte al río, el futuro nos espera si nadamos siempre hacia adelante, de manera constante y en la misma dirección. A lo mejor sí se nos da: devenir hache dos o, volvernos el elemento perfecto, ir y venir de Buenos Aires a Montevideo, ver pasar los veleros, los catamaranes, las corrientes más fuertes y las más aquietadas, el sol y la lluvia, las estaciones, las escolleras, las ramblas, los peces, los bichos, las algas, la arena, los cuerpos, los termos, los mates, los plásticos, las reposeras, los alfajores Marley; por momentos, profundidad, por momentos, calma. Pienso: esto va para mi cuaderno. Pienso: soy una ladrona. Digo: soy una ladrona, mientras veo que se acumulan sus mensajes en el preview de wasap y no quiero abrirlo porque tendría que darle una respuesta y la verdad, no sé. Una parte de mi re tiene ganas, pero otra parte empieza a preocuparse por la consecuencia de tanto sí, de tanto me gustás, quedate, café o mate a la mañana siguiente, a la vez parece que el mundo se termina en cualquier momento, andá a saber cuántas noches más como estas vamos a tener. Veo el futuro como una colina que no sé atravesar, pero me arrimo. Me agarro de eso, el futuro como una colina de tsunamis. La tierra comida por el sol, y nunca más una noche para dormir con alguien. Él suma un sticker más y después otro y otro. Y yo termino abriendo el chat, más por ver qué sticker usó que por estar verdaderamente lista para responder, pero digo: si dale, venite bombón bebé hermoso, yo también tengo ganas de verte. Le doy la dirección con un montón de emojis más y le digo 4to “A”, y se me ocurre agregar: A de amor, pero no, cualquiera. Digo: es el 4to “A” de Alguien. Se ríe y estamos bien. Pienso: él anda con tantas ganas de verme porque no tiene idea. Pienso: che mirá que recién me mudo y no tengo una casa mía mía, lo mío mío es re poco. Con esto te quiero decir que estoy así, me gustaría que fuera de otra manera, pero es así, vamos a tener que pedir porque no tengo cosas para cocinar. Pienso: podría decirle, es que me dedico a la pornovidencia, porque todo lo demás falló, puedo adivinar tu suerte si me ponés una gotita de leche en la boca, pero estamos tan pasados de todo que no sé si va a asombrarse. Pienso: a lo mejor tendría que tirarle algo más concreto, como la rata que se me aparece por la pared del cuarto. Digo: hay ratas que se me aparecen por la pared del cuarto, que no sé si existen o sigo impresionada por la que de verdad apareció hace poco y salió rajando porque yo doy más miedo que ella. A él cualquier lugar le queda bien, podría estar conmigo en el desierto. Me dice que él trabaja con ratas. Que le dan ternura me dice. Así que llega, pedimos, ¿pizza, shawarma o baba ganush? Pizza. Sabemos que el timbre nos va a cortar el mambo, pero nos ponemos a franelear zarpado y la ropa se nos cae como una cascarita inútil. ¿Vos crees en las mutaciones? Me doy cuenta de que algo pasa con el tiempo, de que él está haciendo una cosa rara para evitar que se nos vaya, ¿cuál es nuestro límite? Él quiere agarrar el tiempo y estirarlo hasta que deje de contar, pero algo más raro me pasa a mí, me dan ganas de morderlo, de morderle el labio y de arrancarlo por molesto, lo que él hace me trasforma en algo que no quiero ser, pero soy, más que esta que pidió una pizza, que pidió una pizza y ruega que llegue ahora, esta que hoy está así, pero mañana va a tener resaca de cariño. Para el inconsciente las ratas son un problema ¿sabés? El amor es un problema, ¿desde cuándo? Me parece que lo sé, algo me acuerdo, algo me invento, pero no. Estoy segura de que antes de mudarme y de ser pornovidente lo que más me importaba era que alguien quisiera dormir conmigo; eso era tener una casa para mí. Ahora tengo el 4to “A” de Alguien y soy incapaz de dormir. Soy un gremlin que se activa con la ternura. El futuro es una colina que no sé atravesar, pero me arrimo, la colina se viene encima y es una cascada en mí. La colina es agua que habita mi cuerpo. ¿Vos creés en las mutaciones? Y en los límites, ¿crees? El futuro es agua. Digo: En la final del mundo se puede jugar. Pienso: Somos campeones. Somos campeonas. En la final del mundo somos esto, dos que se funden antes de que la pizza, el shawarma o el baba ganush llegue a tocarnos el timbre. El fin del mundo es esto, digo, o pienso, no sé. El fin del mundo es esto, insisto, que nadie se permita la ternura.