• Agustina Berardozzi

MEDIAS DE UNICORNIO: YAIZA CONTI FERREYRA

Ediciones Hasta Trilce, 2021.


Trabajar en una biblioteca es muy lindo. Trabajar en la que yo trabajo, aún más. No solo es una experiencia hermosa, también es mágica.


En ese ir y venir cotidiano, una tiene acceso a infinidad de libros, cientos. De todo tipo. De animales, para niñes, para adultos, poesía, cuentos, novelas, usados, nuevos, viejitos. Pero lo más, más, más lindo es cuando llega una compra de libros. Les que trabajamos ahí nos abalanzamos con una emoción intensa a ver qué hay: libros con olor a nuevo, novedades, ese que te querías comprar pero estaba muy caro, el que le sugeriste a tus compañeres y llegó. Los más pedidos y también llegan esos que no conocías. Que nunca habías escuchado.


“¿Y este? ¿Alguien conoce a la autora?”, y me lo llevé. La contratapa me interesó lo suficiente para lograr que sea el elegido de esa semana.


Así conocí Medias de Unicornio de Yaiza Conti Ferreyra. De casualidad. Ese día llegué a mi casa y después de almorzar, me puse a leerlo. Leí, leí y leí, sin parar. Le mandé un mensaje a mi compañera y le dije “boluda, la protagonista del libro es un poco como vos. Es profe de teatro y dice que está harta de todo”. Nos reímos.


Me devoré el libro en un par de días. Sentí que hacía muchísimo no me pasaba. Esa necesidad imperiosa de ahondar más, de querer descubrir no sé qué cosa, de terminarlo, de llegar al final. Admiré la historia de Yaiza. Un poco lloré y un poco me reí. Putié con ella, y odié.


Antes de terminarlo pensé que tenía que hablar con ella. No sé si le importaría que una desconocida le diga lo que le pasaba con su libro, pero quería agradecerle por esa lectura tan simple pero a la vez conmovedora, que contaba el momento que estaba transitando la protagonista después de perder a su primer hijo. La busqué en instagram, le mandé un mensaje y me contestó rapidísimo. No sé cómo, pero terminamos coordinando una futura entrevista para Cachengue que terminó en esta nota.



A: ¿Cuál era tu relación con la escritura antes de Medias de Unicornio?


Bueno, yo siempre escribí. De chiquita escribía cuentos. Después, cuando terminé el secundario, entré en Letras en la UBA pero hice el cbc y en un par de meses dejé la carrera. Ahí me terminé de meter en actuación, en la licenciatura en actuación en la UNA. Durante muchos años dejé de escribir y diez años después empecé a escribir una obra de teatro, que era bastante autobiográfica también, yo la actué y la dirigió un amigo. Escribí dos obras más que no se estrenaron todavía. Después, directamente, Medias de Unicornio.


A: ¿Cómo y por qué hacer este libro?


Cuando empecé a escribirlo, no pensé en hacer una novela. De ninguna manera. Yo estaba atravesando el duelo por la pérdida de nuestro primer hijo, Nehuén. Unas semanas después de que falleció, empecé a escribir a modo de catarsis: pensamientos, ideas, imágenes, sentimientos, cosas que me pasaban por la cabeza. Todavía no había vuelto a trabajar. Tenía mucho tiempo, yo me sentía muy mal, estaba muy angustiada. Obviamente estaba partida al medio con lo que nos había pasado.


Llevaba siempre conmigo un cuaderno y una lapicera. Y a donde fuera, en cafés, en el colectivo, escribía. Cosas pequeñas de la cotidianeidad, pavadas que me iban pasando las relacionaba con lo que me había pasado y las escribía. Me hacía muy bien, super terapéutico y catártico. Además, cada frase o párrafo que escribía, se la leí a Damián que es mi compañero y a él también le hacía bien.


Era una forma de hablar de eso de otra manera, poniéndolo un poco afuera y mirándolo “objetivamente”, entre comillas porque nunca se puede ser objetivo con algo que te pasa y algo tan tremendo.

Nos servía para eso y como el libro también tiene un poco de humor, de humor ácido e irónico, nos permitía reírnos (aunque suene raro), pero también llorábamos. Sobre todo nos permitía eso, poder mirarlo, hablarlo y que no se convirtiera en tabú.


Entonces, de repente, empecé a tener bastante material y como siempre me gustó escribir, se me ocurrió por qué no un día transformar esto en una novela y comencé a estructurarlo en capítulos. Al principio estaba todo escrito en primera persona, pero por sugerencia de una de las correctoras incorporé la tercera, porque ella no quería que entrara en ese género de diario íntimo. Ahí cambió un montón y fue que empecé a buscar editoriales. Apareció por recomendación Hasta Trilce que es un Teatro que conocía. Me contacté con Federico García que es el editor y ahí ya enseguida me dijo que si. Hubo un ida y vuelta y un trabajo muy copado.



A: En tu escritura vi que puteabas todo el tiempo, estaba bueno verlo mechado con toda la tristeza. ¿Esto es un poco atrevimiento o está arraigado a tu forma de ser?


Puteo normal, no soy muy puteadora ni tampoco super correcta. En ese momento, además de la tristeza super profunda también estaba muy enojada, que es uno de los pasos del duelo que hay que atravesar. Estás como muy enojada y no entendés por qué. Buscás culpables o buscas explicaciones, cuando no las hay en una tragedia o drama así. Quería algo bien cercano como para que cualquier persona de cualquier generación, de cualquier edad, hombres, mujeres, lo que sea, puedan sentirse identificados y puedan empatizar con los protagonistas. Me parecía que la puteada también sirve para eso. Y para descolocar.


Y otra explicación también puede ser porque yo en la novela siempre digo que fui educada de una manera muy correcta, que mi madre no me dejaba putear, que mi padre no putea. Y también era una forma de revelarme, supongo, ante ese mandato y ante mi crianza correcta y educada.


A: ¿Qué cosas de tu carrera como actriz y profe hay en este libro?


Como profesora, por ejemplo, hay una escena que la escribí como escena de teatro justamente por mi tradición de actriz, y porque también antes había escrito obras de teatro y se me ocurrió mechar ese género, como para que sea un híbrido. Hay capítulos en primera, capítulos en tercera, listas, escenas de teatro escritas como tal. Me gustaba la idea de que fuera un híbrido de géneros así que está eso. Pensamientos y flashes de la protagonista que tal vez funcionarian como un monólogo interno que es muy típico de teatro. Inclusive la protagonista dice en muchos momentos, que es actriz y profe de teatro, habla un poco del oficio del actor. Habla de lo difícil que es vivir del teatro independiente.


A: ¿Qué géneros y escritores influyeron en tu escritura?


Antes de escribir este libro, una novela que me inspiró muchísimo y que es como mi musa es Rara de Natalia Zito. Después empecé a leer un montón de libros relacionados con la maternidad, siempre desde un punto feminista, el lado b o el lado z de la maternidad. Empecé a leer un montón de autoras, sobre todo mujeres contemporáneas, que tratan el tema de la maternidad o de la no maternidad, de querer y no poder. Todas las maternidades no románticas.


La tradición del realismo mágico, de Gabriel García Márquez también me inspiró muchísimo. Junto con Cortázar fueron los primeros autores que yo leí que me partieron la cabeza cuando era adolescente. También hay algo de eso, de realismo mágico, de surrealismo en la novela. Pero que en realidad está bastante asociado al estado mental y emocional medio border de la protagonista, porque está todo el tiempo como a punto de enloquecer por lo que le pasó. Hay de eso también. La imagen del unicornio, los arcoiris. Adultos con cara de bebé que aparecen por ahí.


A: Me contaste de llevar este proyecto al cine, ¿cómo viene eso?


Estoy entusiasmada porque conseguí una directora que es actriz también. Ella dirigió ya su primera película y varios cortos. Le hice llegar el libro, lo leyó, le encantó y aceptó dirigirla. Lo que me propuso fue empezar a escribir el guión, así que ahora estoy haciendo la adaptación. Voy avanzando lento, porque además soy madre de un bebé que va a cumplir un año así que no tengo mucho tiempo. Volví a laburar. Me encanta.