• Bernardo Córsico

OKUPAS: EL IMAGINARIO FICCIONAL DE LA CLASE MEDIA POSMENEMISTA

Con el reestreno en Netflix (la plataforma reina del mainstream) de la serie de culto Okupas, las redes hicieron correr torrentes de nuevas interpretaciones. El ensayo que propone Bernardo dialoga con otros que surgieron en los vastos medios digitales y propone una lectura centrada en el rol de la clase media personificada en la serie por Ricardo Riganti. Es una producción original del 2000 pero como no sabemos bien en qué momento el spoiler caduca, avisamos: hay ¿spoiler?


Ilustración: Kevin Nahuel Cetto

Lo que tienen en común Madame Bovary, Don Quijote, y Silvio Astier es la relación fantasmática que establecen con los imaginarios ficcionales. En las tres historias, los protagonistas intentan cruzar un umbral que los lleve hacia la zona de ficción que han consumido en los libros, como si esa frontera ficcional fuese lo real de sus vidas, mientras que la vida práctica que hasta entonces conocían se revela como insuficiente a sus espíritus aventureros.


Hace unos días Netflix reestrenó la serie de culto Okupas con calidad de imagen mejorada y algo de música nueva compuesta por Santiago Motorizado, así que las redes y revistas digitales hicieron correr torrentes de nuevas interpretaciones falopa –como buscar la gauchesca y la antinomia civilización y barbarie, por dar un ejemplo – que nunca podrán hacerle justicia a la serie, y del que este texto evidentemente forma parte. Digo que no pueden hacerle justicia porque los signos de la ficción siempre desbordan. De alguna manera, escribir sobre Okupas es como buscar los gigantes que Don Quijote encontraba en los molinos de viento.


Okupas no tiene nada que ver con la civilización y la barbarie, al menos no en cuanto que toda la literatura argentina desde Echeverría y Sarmiento tratan este tema.

Decir que trata sobre este binomio es como decir que un cuento es un texto escrito: una obviedad. Lo interesante de la serie es el recorrido que traza el imaginario ficcional de un personaje: Ricardo Riganti, nuestro Madame Bovary, nuestro Silvio Astier. Retomo la figura de Silvio Astier porque, como en El juguete rabioso de Arlt, Okupas puede entenderse como una novela de formación (los yanquis le dicen a esto coming of age) en el que un joven pasa una serie de peripecias y aventuras que lo transformarán en el adulto que será llegada la conclusión. Ricardo mismo lo dice en el último capítulo: “la experiencia que viví me la como y la uso como algo positivo”. La mueca del Pollo en esta escena nos sugiere que él entiende que Ricardo no pertenece a este mundo marginal, está de pasada, es un invitado que en cualquier momento puede irse y recuperar su vida de clase media continuando sus estudios.


Lo que diferencia a Ricardo de los personajes que antes mencionaba es que el pasaje que él atraviesa no va de la realidad a la ficción sino de la realidad a otra realidad, que es la Argentina posmenemista de los hundidos y los salvados. Ricardo quiere atravesar esa geografía de los hundidos, embarrarse de sus códigos y sus creencias (el motivo religioso y su posterior abdicación recorren toda la serie), pero lo que otros personajes le recuerdan constantemente es que él no comprende esos códigos, está ahí de prestado, y por eso va a caer en la cama que le tienden el Negro Pablo y Miguel. Ese imaginario ficcional que construye Ricardo se irá volviendo, conforme suceden los capítulos, más reales, hasta la conclusión trágica del sacrificio del cordero del grupo: el Chiqui.


Al principio las cosas son más o menos inocentes: ir en tren a Quilmes a pegar merca, porque en este imaginario la cocaína es más heavy, tiene una gravitación más real que fumar faso y la ironía está dada en cómo Ricardo quiere probar para divertirse y el dealer le cuenta que por la cocaína perdió a su mujer y sus hijos. Son sutiles señales de que hay un mundo que él no conoce pero que no tardará en atraparlo. Ya en el capítulo 4 aparece el punto de no retorno:

el intento de violación del Negro Pablo es el grado cero de realidad para Ricardo, el momento en que las cosas dejan de ser una aventura

o una joda para pasar al plano de la amenaza física en cuyo centro está el horror: la penetración del ano del hombre. De concretarse esta violación, Ricardo se convertiría en el tan mentado “maraca” que recorre como burla y amenaza este mundo de machos y al que se alude cada vez que los personajes masculinos tienen una proximidad íntima y afectiva.



La serie muestra dos relaciones amorosas: la de Ricardo con Sofía y la del Pollo con Clara, y ambas están marcadas por la asimetría de clase, la diferencia está dada en el grado de autoconciencia en cada caso. Sofía no cree ni por un segundo que Ricardo se vaya a quedar con ella, se lo remarca en muchas ocasiones y, por supuesto, termina teniendo razón. Ella es la que mejor entiende la situación. En el capítulo 6 “Los mantenidos” Ricardo sostiene su ficción: “¿Para qué querés estudiar? No sirve para nada estudiar” ella le va contestar “para vos esto es unas vacaciones raras, no sé qué es, para mí esto es la vida normal”, lo que da la clave nuevamente de que está ahí de prestado.


Para Ricardo, Sofía es una anomalía: los pobres no estudian, solo se drogan y roban, y ese gesto es lo que él emula en su condición de ocupa.

También es Sofía la que le tira la posta sobre Miguel, le advierte que no es lo que parece, que no sea tan crédulo y, nuevamente, tiene razón. Crédulo es también el Pollo en su relación con Clara, imagina que ella se va a quedar con él, pero sólo lo utiliza para satisfacer la fantasía erótica de la clase media de garcharse “un negro”. Está claro que ella no va a preferirlo por sobre su novio yuppie bien acomodado. En este sentido, la serie muestra cómo las clases medias vampirizan las relaciones sexuales para satisfacer un imaginario que, en este caso, sí tiene una larga tradición comenzando con La cautiva de Esteban Echeverría. Para estas clases medias, la ruptura es la condición de posibilidad para sentir que lo que pasó fue real.


A veces puede pasar que uno cree estar recorriendo en línea recta el camino de la ficción solo para encontrarse del otro lado, como una cinta de moebius, cabeza abajo; o como las escaleras de Escher que conducen hacia un techo que es, al mismo tiempo, el suelo. Retomando esa escena que Ricardo habla sobre su experiencia, el Pollo le contesta “mientras la experiencia no te morfe a vos” y eso es exactamente lo que ha sucedido. Para cuando la serie concluye, Ricardo probó las drogas, el sexo, el robo, el asesinato y fundamentalmente, una amistad sellada con sangre; lo que empieza como una aventura revela el revés de la trama de una vida dura y desconocida para él - y por extensión, desconocida también para los televidentes de clase media que vieron esta serie por primera vez en el año 2000 -. Todo lo que ha vivido con sus amigos debe desaparecer. Aunque pueda parecer excesivamente duro, lo cierto es que muchos jóvenes de clase media estaban en la misma deriva que él, en un desamparo existencial que los empujaba hacia el lumpenaje y por eso la serie conectó fuerte con el espíritu de época. Finalmente, lo que queda es retornar a su vida más o menos acomodada, habiendo convertido su fantasía en la cicatriz de una experiencia, pero para sus amigos y las personas que conoció en el camino, todo esto fue siempre la realidad de los hundidos en un país que estaba a punto de explotar.