• Julia Villanueva

REESTRUCTURAR EL LENGUAJE: GORDO-ODIO

Julia Villanueva hace un repaso por los distintos tópicos que socialmente tenemos aceptados al hablar de cuerpos no hegemónicos: la salud como escudo al odio, los biológicamente imposibles ideales de belleza y, sobre todo, el discurso que justifica al odio: patologizarlo.



Las palabras además de ser informativas, son formativas: nos forman. Por eso la manera en que enunciamos importa. En nuestra cultura es muy común escuchar hablar sobre la gordofobia, sin embargo, la fobia es un trastorno de ansiedad que nada tiene que ver con el rechazo o la discriminación hacia los cuerpos gordos. Denominarlo de esta manera es llevarlo al plano de lo psicopatológico, sacándonos cierta responsabilidad de encima. Básicamente, lavándonos las manos, como si fuese algo que no podemos elegir, algo involuntario que nos toma y la violencia y la discriminación, por el contrario, son actos aprendidos e intencionales: agredir conlleva responsabilidad, es un acto consciente, no se violenta a cualquiera. Hace tiempo se empezó a hablar de gordo-odio para visibilizar la violencia en dicha intolerancia, en el rechazo y en las distintas formas de discriminación que sufren las personas gordas. El gordo-odio no es una fobia ni es un trastorno, es una decisión. De hecho quien padece de una fobia se siente frente a un peligro o amenaza, y en este caso la única persona que queda vulnerable es quien está del otro lado.


Al hablar de violencia podemos referimos a la manera explícita de ejercerla, como un insulto por ejemplo, o la manera indirecta que también conocemos como violencia simbólica y se escabulle a tal punto que muchas veces no somos conscientes. Hasta podemos llegar a ser cómplices de la misma violencia que se nos ejerce.


Los modelos estéticos hegemónicos, como algo que hay que revertir, hoy son mucho más visibles, sin embargo siguen operando en nuestros ideales, teniendo consecuencias en cómo nos sentimos, en cómo nos vemos y en cómo nos tratamos. Los medios son grandes responsables en el mantenimiento de los mandatos de belleza, muestran cuerpos que “valen” para la sociedad, a los que de alguna manera u otra terminamos aspirando, con infinitas frustraciones en el camino. Nos sentimos fallades, cuando en realidad lo que falla es la visibilización de todos los cuerpos.


Por lo general, cuando hablamos de cuerpos solemos dejar de lado su funcionalidad.

Me gusta pensar en todo lo que nuestro cuerpo nos permite hacer, como caminar, correr, escribir, mirar, bailar, respirar, expresarnos, y la lista sigue sin un final cercano.

La cultura sexista nos hizo pensar en nuestros cuerpos como partes divididas, escindidas entre sí; nos cansamos de escuchar que la panza debería ser de una manera, el culo de otra, el pelo así, asa. Se nos distrae en una búsqueda que no tiene final, porque por más hegemónica que sea la persona siempre va a haber algo para sentirse incómoda e insegura.


El problema no es individual, por eso el famoso “aceptate” queda corto. Para un problema social es necesaria una solución colectiva. Hablar, cuestionar, visibilizar, crear políticas públicas como leyes que nos acompañen y fomentar pequeños grandes actos como no opinar sobre el cuerpo del otre.

No es casual que pensemos que es un problema individual, desde el discurso médico se señala que la gordura y/o el sobrepeso generan depresión, ansiedad y problemas para relacionarse socialmente. ¿No será el gordo-odio que reciben la causa de todo ese cóctel de padeceres? El costo psicológico de que te excluyan de lugares, de no poder usar ni encontrar ciertas vestimentas, de hacerte sentir que no encajas en esta sociedad, es demasiado alto.


La Ley de Talles que tenemos desde este año es una de las políticas públicas que aportan luz al movimiento de visibilizar lo invisible. Se está realizando un estudio para conocer cuáles son las medidas corporales de la población argentina que, increíblemente, desconocemos hasta ahora. Es decir, no sabemos cómo son nuestros cuerpos, tenemos en la mente medidas irreales.


Un estudio demostró que muñecxs como la barbie y el ken no podrían ni siquiera mantenerse en pie por las proporciones de sus cuerpos. Con eso crecemos, llamando talles especiales a los talles grandes, cuando lo único especial son los talles barbie. La Ley de Talles es producto de una lucha constante encabezada por el activismo de la diversidad corporal que tiene muchas referentes mujeres poniendo sus cuerpas. Digo cuerpas como una manera de apropiarnos del lenguaje, como símbolo de resistencia, para incomodarnos y desde ahí poder cambiar y crecer. Si bien al gordo-odio lo padecen las personas gordas más allá de su género, la violencia de género pisa fuerte una vez más, siendo las mujeres las que reciben mayor presión con los estándares hegemónicos. Presión externa que internalizamos, porque la violencia de género tiene por base una violencia psicológica que genera culpabilización, daña nuestra autoestima e independencia.

Todes deberíamos militar la diversidad corporal.