• Andrés Guaranelli

UNA FAMILIA BAJO LA NIEVE

Una novela de Mónica Zwaig editada por Blatt&Ríos, 2021.


Por Andrés Guaranelli.


Fotografía: Tomás Kenny

Blatt&Ríos publicó este año la primera novela de Moniza Zwaig titulada Una familia bajo la nieve. La autora, nacida en Francia e hija de argentinos, se vino a vivir a nuestro país hace ya varios años. Abogada, aprendió a hablar español mientras asistía a los Juicios de Lesa Humanidad.

La protagonista, llamada Harmonica, nace en Francia y también es hija de argentinos. La novela se centra en el armado de un rompecabezas llamado familia. Junto a la mirada de esta niña que apenas puede distinguir las diversas y muchas culturas migrantes que viven en Francia, iremos uniendo partes de un linaje marcado por el exilio y el silencio.


La novedad radica en que la protagonista, al nacer y vivir en el viejo continente, desconoce las atrocidades cometidas en Argentina por la última dictadura cívico militar. De esta manera, con sus ojos de inocencia y con metáforas hermosas, su crecimiento en edad irá produciendo un acercamiento a sus raíces latinoamericanas, a descubrir quiénes fueron verdaderamente sus padres y por qué tuvieron que dejar la Argentina en el ’76: “La Argentina era ese volcán que tenía escondido silenciosamente en el fondo de mi corazón y que un día se despertó y se apoderó nuevamente de mí”.

La novela, de carácter muy íntimo, consta de tres partes. En la primera conocemos la infancia de Harmonica en los suburbios de Francia, el entramado familiar, la enorme casa en la que viven, las peleas y el divorcio de sus padres, los abuelos también argentinos y sus mestizajes. La segunda parte, pone la lupa todavía más cerca y está narrada en forma de diario íntimo. La protagonista, ya adulta, viene a la Argentina para conocer realmente a sus padres y termina quedándose a vivir. La última, a modo de cuenta regresiva y con un juego paralelo con el fin del mundo que se creía que llegaría en 2012, nos relata el reencuentro en Buenos Aires de Harmonica con su madre, quien se fue con su amante a vivir Australia luego del divorcio muchos años atrás. Quizás la relación más tensa y mejor construida de la novela: “No había regresado, ni la luz, ni la madre. Subí los siete pisos como quien sube las escaleras de la guillotina, esperando un milagro”, comenta en un momento la narradora al no poder encontrar a su mamá en ningún lado.


Una familia bajo la nieve es una novela que toca un tema ya habitado, y mucho, por la literatura nuestra, pero que le da un soplo de aire fresco a través del hecho de que los lectores locales sepamos más del trasfondo histórico y político que la propia protagonista.

No nos explica lo que ya sabemos por ser argentinos, busca entenderlo, busca aprenderlo para conocer mejor a sus progenitores. Ahí está la novedad.

El desarraigo de sus padres es tan fuerte que ella siente la necesidad de sacar a la superficie las raíces de un árbol demasiado enterrado en el olvido. La metáfora recurrente en la historia es la del Ginkgo, el único árbol que sobrevivió a la bomba en Hiroshima. Esta familia lo planta primero en Francia pero el árbol no crece, no encuentra su tierra allí, debe hacerlo donde fue la catástrofe, donde aconteció el trauma de esos padres exiliados: en Argentina. De igual manera le sucede a Harmonica, quien sin entender bien por qué, pero disfrutándolo, empieza a cerrar el paréntesis francés de sus padres para hacer su vida en Sudamérica.


Si bien no se puede evitar pensar en lo solemne al hacer literatura sobre un tema como la Dictadura, Zwaig por momentos aliviana el dolor de este tema de fondo con cierta ternura, con cotidianidades, con sucesos externos que generan al lector empatía con la narradora, con una chica que decide hacer lo mismo que sus padres pero a la inversa, solo que no como exiliada, sino como viajera libre, como franco-argentina, como pieza de un rompecabezas que solo se puede terminar de armar en nuestro territorio y con nuestra memoria.